NACIMIENTO DEL MESIAS

21 diciembre 2009

SEGUN EL HISTORIADOR JUDIO FLAVIO JOSEFO

REGISTROS HISTÓRICOS DE LA MUERTE DE HERODES REVELA EL AÑO DEL NACIMIENTO DE CRISTO

Josefo nos da un informe detallado de los acontecimientos cronológicos que tomaron lugar antes del eclipse de Septiembre, 5 a.C., hasta la muerte y enterramiento de Herodes. Estos acontecimientos son dados en una forma cronológica usando el calendario coordinado Hebreo/Romano en el fin de esta publicación. Acontecimientos que no tienen fechas específicas de la historia han sido dados fechas aproximadas, basados en evidencia que son disponible de la historia. Este calendario provee un buen entendimiento y nos da un perspectivo correcto de ese tiempo.

Josefo dice que antes del eclipse, Herodes mandó embajadores a Roma. Esta acción es calculado haber ocurrido durante la semana de Agosto 26, 5 a.C. En algún tiempo de la próxima semana, un grupo de fanáticos entraron al templo y destruyeron un ídolo de oro que Herodes había levantado sobre las puertas del templo. Herodes supo que Matías, el sumo sacerdote, había provocado los fanáticos que tomaran esta acción en la creencia errónea que Herodes estaba muerto. Herodes castigó a Matías por sacándolo de posición de sumo sacerdote y quemándolo vivo, como Josefo nos cuenta. En sus escrituras, Josefo nos enseña que estos acontecimientos tomaron lugar en el otoño de ese año y hubo un eclipse lunar. Esto es lo que Josefo nos cuenta:

“…él [Herodes] negó a Matías el sumo sacerdote de su posición, y en resultado de esta acción, hizo a Joazar, quien y era el hermano de la esposa de Matías, el sumo sacerdote en su lugar. Y ocurrió, que durante el tiempo que Matías era sumo sacerdote, se hizo otra persona sumo sacerdote por un día, el mismo día que cuando los Judíos observan el día del ayuno [el día de Expiación, el día 10 de Tishri, el séptimo mes] ‘el gran día de expiación.’ La ocasión era la siguiente: Matías el sumo sacerdote, en la noche antes del día cuando el ayuno era de ser celebrado, tuvo un sueño en cual tuvo una conversación [relaciones sexuales] con su esposa: y como no pudo hacer sus servicios en cuenta de ese sueño, José el hijo de Elemos, su pariente, lo asistió a él en ese oficio sagrado. Pero Herodes negó a este Matías, de su posición de sumo sacerdote, y quemó el otro Matías, cual había provocado la sedición, con sus compañeros, vivos. En esa misma noche hubo un eclipse lunar” (Antigüedades de los Judíos 17:6:4).

Este eclipse evidentemente era un eclipse en el otoño, como ocurrió en Tishri, el séptimo mes del año, cual corresponde a Septiembre/Octubre en el calendario Romano. Como hemos visto en la lista de eclipse lunares hecho por Kudler y Mickler, hubo solamente un eclipse en el otoño durante ese período de historia. Este fue el eclipse de Septiembre 15, 5 a.C., en la noche que empezaba la Fiesta de Tabernáculos–el 15 de Tishri.

Josefo registra el estado decaído de Herodes después del eclipse en el otoño y el estado de locura que precedió su muerte. Un tiempo poco antes de la Fiesta de Tabernáculos, el “disturbio” de Herodes aumentó y él busco la ayuda de las aguas minerales en Callirrhoe, cual era localizado un poco más allá del Río Jordán. Es estimado que él fue a ese lugar cuando la semana se terminaba en Noviembre 4. No hay evidencia directa del tiempo que se quedó, pero como su funeral y entierro tomaron lugar después del invierno, él tuvo que haberse quedado aproximadamente 8 o 9 semanas. De ahí él se fue a Jericó, probablemente llegando antes de Enero 13. Josefo describe el estado deplorable mental de Herodes en ese tiempo: “… Y llegó de nuevo a Jericó, adonde él se puso de tan mal carácter, que lo llevó hacer todas las cosas como un loco; y pensaba que estaba cerca de su muerte, él planificó las siguientes ideas malignas” (Antigüedades de los Judíos 17:8:1).

Herodes mandó a sus hombres principales de su gobierno a venir a Jericó, con la intención de matarlos después de su muerte. Es estimado que estos hombres que llegaron a Jericó entre Enero 20 hasta el 27. Unos pocos días después, Herodes recibió cartas de los embajadores de Roma. Mientras las noticias eran buenas y aparecieron a reanimarlo, él se intento de suicidarse. Él no logro su intento de suicidarse, porque él fue impedido por Achiabo. En su furia, el mando que su hijo Antipater fuera asesinado, y después él mismo murió cinco días después. Josefo registra, “Cuando él había hecho estas cosas, él murió, el quinto día después que había causado que Antipater fuera asesinado; habiendo reinado, desde que el pidió que Antigono fuera asesinado, 34 años; pero desde que fue declarado rey por los Romanos 37″ (Antigüedades de los Judíos 17:8:1).

Herodes murió 37 años desde el tiempo de su conoración en Roma en la primavera de 40 a.C. basado en toda la evidencia disponible, la muerte de Herodes es estimado haber ocurrido durante la semana que terminó en Febrero 17, 4 a.C.

Después de la muerte de Herodes, Arquelao siguió a Herodes como rey. Él cumplió con los deseos de Herodes para un período más largo de luto y un largo funeral antes de que fuera enterrado. El tiempo necesario para estas ceremonias era aproximadamente 25 días, no contando los días de Sábado. La cronología de estos acontecimientos es dado paso por paso en el calendario coordinado Hebreo/Romano en el fin de esta publicación. Como es ilustrado en este calendario, el cortejo fúnebre terminó su viaje cuando el cuerpo de Herodes llegó a Jerusalén en la semana terminando Marzo 24, 4 a.C., fue en ese tiempo que Arquelao empezó su gobernación en Jerusalén.

La evidencia registrada por Josefo claramente contradice la teoría mayormente aceptada que el eclipse de Marzo 13, 4 a.C., era el eclipse que ocurrió antes de la muerte de Herodes. Si Herodes hubiera muerto después de Marzo 13, el período de luto y el cortejo fúnebre no pudo haber sido realizado antes de Marzo 24. Como Josefo demuestra, estas ceremonias largas empezaron muchas semanas antes del día de la Pascua, y terminaron con el enterramiento de Herodes en el medio de las Fiestas de Panes sin Levadura, cual seguía la Pascua. Para clarificar más el tiempo del entierro de Herodes, Josefo registra que en ese tiempo Arquelao realizó la matanza de más de 3,000 personas cuales estaban en la área del templo para celebrar las Fiesta de Panes sin Levadura. Esta matanza ocurrió durante la semana que terminaba en Abril 14, 4 a.C., confirmando que el enterramiento de Herodes tomó lugar como dos meses después de su muerte.

Como hemos visto, el Evangelio de Mateo revela que Jesús nació antes de la muerte de Herodes. Después de Su nacimiento, Jesús fue llevado hacia Egipto y permaneció ahí por un periodo de tiempo antes que Herodes murió. Como Mateo registró estos acontecimientos nos enseña que el nacimiento de Jesús ocurrió varios meses antes de la muerte de Herodes. Como la muerte de Herodes ocurrió muy temprano en el año 4 a.C.–aproximadamente en medio de Febrero–es evidente que Jesús nació durante algún tiempo en el año anterior. La muerte de Herodes nos indica que el nacimiento de Cristo ocurrió el año 5 a.C. El Evangelio de Lucas nos da evidencia adicional que nos permite saber el tiempo específico del año en cual Cristo nació.
EVIDENCIA BÍBLICA DE LA TEMPORADA EN CUAL JESUCRISTO NACIÓ

Según su informe del nacimiento de Jesucristo, Lucas registra un acontecimiento mayor histórico que tomó lugar en ese tiempo. Lucas escribe, “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Agosto César, que todo el mundo fuese empadronado. (Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.) E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.” (Lucas 2:1-3).

Este decreto de impuestos y censo por Agosto César fue hecho en acuerdo con la costumbre Judía, cual requeriría que tales impuestos serían acumulados después de la cosecha del otoño (Vea Diccionario Bíblico de Unger, páginas 199-200). El récord de Lucas sobre estos impuestos revela que el nacimiento de Jesús tomó lugar en el otoño de ese año. Cuando combinamos el registro de Lucas con el cuento de la muerte de Herodes en Mateo, es evidente que Jesús nació en el otoño del año 5 a.C.

Lucas nos da evidencia adicional de que Jesús nació durante el tiempo de cosecha (que cae durante el otoño) por su registro que no había lugar para ellos en el mesón cuando José y María llegaron a Belén. La escasez de cuartos no fue solamente causada por el decreto de que estaban siendo empadronados pero también por causa de los días de las fiestas cuáles seguían la cosecha del otoño. Millares de personas estaban ya en la área de Jerusalén para observar las fiestas de la temporada del otoño. Belén estaba sumamente llena por causa de su proximidad de Jerusalén. Como no hubo lugar para ellos en el mesón, José y María fueron forzados a ir a un granero. Jesús nació ahí y fue acostado en un pesebre.

Lucas lo hace bastante claro que Jesús no nació en el mes de Diciembre por registrando que los pastores estaban velando y guardando vigilias de la noche sobre sus rebaños (Lucas 2:8). Los pastores en esa región de Palestina siempre traían sus rebaños fuera de los campos antes del principio del invierno. Los rebaños nunca eran dejados afuera para apacentar en los pastos durante los meses del invierno porque el clima frío impedía que hierba creciera. Hay mucha más evidencia en comentarios Bíblicos para aquellos que desean estudiar más de estos puntos.
REGISTROS DEL MINISTERIO DE JUAN CONFIRMAN EL NACIMIENTO DE CRISTO EN EL OTOÑO DE 5 a.C.

En su cuento del principio del ministerio de Juan el Bautista, Lucas nos da una referencia histórica que nos ayuda verificar la fecha de nacimiento de Jesucristo. “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César… vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados” (Lucas 3:1-3).

Lucas nos dice que Juan el Bautista empezó su ministerio en el año decimoquinto de Tiberio César. Una disputa que ha existido sobre el año del reinado de Tiberio fue calculado por Lucas como el año decimoquinto porque los primeros dos años del reinado de Tiberio fueron juntos con Agosto. Por lo tanto, hay opiniones que conflictan que si el registro Bíblico incluye el reinado compartido con agosto o cuenta desde de el principio de su propio reinado.

La disputa es solucionada cuando juntamos el récord de Lucas con otros récords Bíblicos e históricos de esa época. El reinado de Tiberio es firmemente establecido por los récords históricos de la muerte de Agosto César . Agosto César murió en Agosto 19 en el año que Sextos Apuleios y Sextos Pomppeios eran cónsul. El año de la gobernación de los cónsul era 767 AUC, cuál era el año 14 d.C. Esta fecha es confirmada por el hecho que Agosto murió 44 años, faltando 13 días, después de la batalla de Actium ( Dio Historia Romana, Loew Ed., Libro LVI:29-30, Vol. 7, págs. 65,69).

Josefo registra que la batalla de Actium tomó lugar durante la Olimpiada número 187 en el séptimo año del reinado de Herodes (Antigüedades de los Judíos, 15:5:1-2; Guerras de los Judíos 1:20:3). La Olimpiada número 187 cayo durante el período de cuatro años desde Julio 32 a.C. hasta Julio, 28 a.C. La batalla de Actium tomó lugar durante el séptimo año de Herodes, cual era durante Marzo, 31 a.C. hasta Marzo, 31 a.C. Contando hacia adelante 44 años, llegamos al año 14 d.C. como el año de la muerte de Agosto César.

Récords del reinado de Agosto revelan que durante sus últimos años, “… el cónsul causaron que una ley fuera aprobada… que él [Tiberio] debiera de gobernar las provincias junto con Agosto y hacer censos con él” (Seutonious, Ed. J.C, Rolfe, LCL, Vol. 1, p.323).

Tiberio comenzó su reinado junto con Agosto en el año 12 d.C., dos años antes de la muerte de Agosto. Contando desde esta fecha, llegamos al año 26 d.C. como el año decimoquinto del reinado de Tiberio y el comienzo del ministerio de Juan el Bautista. Otras evidencias Bíblicas e históricas confirman que Juan el Bautista empezó su ministerio en la primavera del año 26 d.C. y que Jesús comenzó Su ministerio seis meses después en el otoño del año 26 d.C.

Más evidencia mayor que soporta esto se encuentra en el evangelio de Juan, cual registra las palabras de los Judíos en el tiempo de la primera Pascua durante el ministerio de Cristo. Durante esa temporada de Pascua, los Judíos declararon que el templo había existido cuarenta y seis años (Juan 2:20). Podemos determinar el tiempo de esta Pascua, y el primer año del ministerio de Cristo, a través de contar desde el año que la construcción del templo comenzó.

Josefo registra que esta construcción del templo comenzó durante el año decimoctavo del reinado de Herodes. “Y ocurrió ahora que Herodes, en el año decimoctavo de su reinado [en Jerusalén, pero el año 21 desde su conoración en Roma]…empezó una gran obra, que él comenzaría a construir el templo de Dios” (Antigüedades de los Judíos, 15:11:1).

El año decimoctavoen el reinado de Herodes en Jerusalén, cual era el primer año de la construcción del templo, era desde el verano del año 20 a.C. hasta el verano del año 19 a.C. Contando adelante, el año cuarenta y seis de construir el templo era en el verano 26 d.C. hasta el verano de 27 d.C. La única Pascua que ocurrió durante este período fue la Pascua del año 27 d.C. Entonces los récords históricos y Bíblicos ponen la primera Pascua del ministerio de Cristo en la primavera del año 27 d.C. Como Su ministerio comenzó en el otoño, podemos poner la fecha de Su comienzo en otoño del año 26 d.C.

Los records del Nuevo Testamento del reinado de Tiberio y la construcción del templo por Herodes claramente establece el año 26 d.C. como el principio de los ministerios de ambos Juan y Cristo. En adición a estos récords de los Evangelios, una profecía en el Antiguo Testamento en el libro de Daniel también soporta el año 26 d.C. como el principio del ministerio del Mesías en la tierra. Daniel recibió esta profecía del ángel Gabriel: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida del orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; [o sea, un total de 69 semanas]…” (Daniel 9:25).

Como definido por las Escrituras, un día de tiempo profético es un año en tiempo actual (Ez. 4:4-6; Nm. 14:34). Entonces el tiempo total desde el decreto de restaurar a Jerusalén hasta el ministerio del Mesías era 483 días proféticos (69 semanas X 7 días en una semana) o 483 años en tiempo actual.

El decreto de restaurar a Jerusalén fue ordenado a Esdras el sacerdote por el rey Artajerjes de Persia durante el séptimo año de su reinado. Esta evidencia es encontrada en el séptimo capítulo libro de Esdras: “Y llegó [Esdras] a Jerusalén el mes quinto del año séptimo del rey….esta es la copia de la carta [decreto] que dio el rey Artajerjes al sacerdote Esdras, escriba versado en los mandamientos del Señor y en sus estatutos a Israel” (Esdras 7:,11).

Récords históricos de los Reyes de Persia nos permiten saber el año exacto que Atajerjes mandó su decreto. Estos récords revelan que Atajerjes comenzó su reinado en Diciembre, 465 a.C., después de la muerte de su padre Asuero. Porque no era un año completo, el año de la subida de un rey no era contado por los de Persia. Por eso es que el primer año completo de Artajerjes era contado desde 464 a.C. El séptimo año de Artajerjes, en cual el decreto fue dado, era el año calendario desde Marzo, 458 a.C. hasta Marzo 457 a.C. (Langer, Una Enciclopedia de la Historia del Mundo, p.17; Horn, Cronología de Esdras Siete páginas 101-103). Los 483 años de la profecía de las 69 semanas empezaban desde ese año hasta el año 26 d.C.

Esto es como la fecha se calcula: tenemos que restar 483 años (69 X 7) del año 458 a.C. (el año que el decreto fue mandado), llegamos al año 25 d.C. Tenemos que añadir un año para compensar por el año de cambio, cual es numerado como ambos 1 a.C. y 1 d.C. El cálculo correcto nos da el año 26 d.C. Eso fue cuando Jesucristo, el Mesías, empezó Su ministerio.

Sabiendo que Jesús empezó Su ministerio en el año 26 d.C. esto nos da una evidencia adicional para ayudarnos a verificar el año de su nacimiento. Lucas escribió que Jesús tenía como treinta años cuando Él fue bautizado en el comienzo de Su ministerio. “Jesús mismo al comenzar Su ministerio era como de treinta años…” (Lucas 3:23).

Cuando nosotros entendemos que Jesús tenía como treinta años en el otoño del año 26 d.C., es fácil determinar el año en cual el nació. A través de contar para atrás los números de años, llegamos al año 5 a.C. como el año de Su nacimiento. Esta fecha es firmemente establecida por los récords de la muerte de Herodes en el Evangelio de Mateo, y es confirmado por récords adicionales en el Evangelio de Juan y Lucas.
EL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA LA CLAVE PARA EL DÍA DEL NACIMIENTO DE JESUCRISTO

En el primer capítulo del Evangelio de Lucas, encontramos un cuento detallado de las circunstancias y acontecimientos que ocurrieron antes del nacimiento de Jesucristo. En este capítulo, Lucas revela que la concepción de Jesús por la virgen María ocurrió seis meses después de la concepción de Juan por la prima de María– Elisabet, la esposa de Zacarías. Zacarías era el sacerdote de Dios en el templo en Jerusalén.

En el principio del capítulo, Lucas registra, “Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abias….aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor” (Lucas 1:5,8-9).

Nota que Zacarías estaba ejecutando su obligación del sacerdocio acuerdo a la orden y clase de Abias. ¡Esta información es muy importante! En antiguo Israel, el Rey David dividió las responsabilidades de los sacerdotes en veinticuatro clases, o turnos. (I Crónicas 24:7-19). Cada clase o turno trabajaba una semana entera, desde mediodía Sábado hasta mediodía Sábado (Talmud, Sukkah). El Antiguo Testamento registra la rotación exacta y el tiempo correcto de las clases o turnos sacerdotal, cual continuó hasta los tiempos del Nuevo Testamento. Zacarías pertenecía a la clase o turno de Abias, cuál era la clase o turno octavo en el ciclo de tareas anuales para todos los sacerdotes.

Josefo, el reconocido historiador Judío, era un sacerdote de la primera clase o turno. Josefo confirma que los turnos sacerdotales establecidos por el Rey David todavía estaban funcionando en los tiempos del Nuevo Testamento. Él dice, “Él [el Rey David] los dividió también en clases:… Y él estableció de estos sacerdotes, veinticuatro turnos….y él ordenó que un turno debiera de servir a Dios por ocho días, desde Sábado hasta Sábado…y esta partición ha permanecido hasta este día (Antigüedades de los Judíos, 7:14:7). Los turnos sacerdotales sin duda continuaron hasta que el templo fue destruido en el año 70 d.C. El Talmud revela que la primera clase, o turno, empezó en la primera semana del primer mes del calendario Hebreo. El segundo turno trabajaba la segunda semana. Esta rotación continuaba semana por semana por todos los veinticuatro turnos. Cada turno sacerdotal repetía este turno de una semana dos veces al año. En adición, todos los veinticuatro turnos eran requeridos a trabajar tres semanas adicionales durante el año. Estas tres semanas eran para las temporadas de fiestas: La Pascua, Pentecostés, y Tabernáculos. De modo que todos los turnos compartían igualmente en las responsabilidades sacerdotales por el año entero.

Nosotros sabemos que el ángel Gabriel entregó la promesa del nacimiento de Juan mientras Zacarías servía en su turno sacerdotal en el templo. El Evangelio de Lucas también revela que Juan nació seis meses antes que Jesús (Lucas 1:35-36). Nuestra inspección de ambas evidencias Bíblicas e históricas ha establecido que Jesús nació en el otoño del año 5 a.C. De acuerdo con esto, Juan el Bautista nació en la primavera del ano 5 a.C. Y fue concebido nueve meses anterior en el verano de 6 a.C. Conociendo el año en cual Juan fue concebido nos permite saber el período de tiempo exacto que Zacarías estuvo sirviendo en el templo.

En el año 6 a.C., el primer día del primer mes (el mes de Nisan según el calendario Hebreo) era un Sábado semanal. Según cálculos sincronizados en el calendario Hebreo y el calendario Romano, este Sábado era Marzo 20. Proyectando hacia adelante, los turnos clase por clase y semana por semana eran: Turno 1, la primera semana; Turno 2, la segunda semana; todos los turnos para la Pascua y Fiesta de Panes sin Levadura, la tercera semana; Turno 3, la cuarta semana; Turno 4, la quinta semana; Turno 5, las sexta semana; Turno 6, la séptima semana; Turno 7, la octava semana; Turno 8, la novena semana; y todos los turnos para la décima semana, cuál era la semana de Pentecostés. (Vea el calendario coordinado Hebreo/Romano en el fin de este folleto).

Como Zacarías era de la clase de Abias, el octavo turno, él fue asignado las semanas novena y décima desde el principio del año. Estas semanas de servicio eran contadas desde mediodía Sábado hasta mediodía Sábado. La novena semana era desde Iyar 27 hasta Sivan 5, cual corresponde a Mayo 15 hasta Mayo 22 en el calendario Romano. La décima semana, Sivan 5 hasta Sivan 12, o Mayo 22 hasta Mayo 29, era la semana de Pentecostés. En algún tiempo durante esas dos semanas, el ángel Gabriel apareció a Zacarías en el templo y profetizo del nacimiento de Juan.

Aunque el tiempo exacto de la aparición de Gabriel no es registrado, es razonable a concluir que Gabriel entregó este mensaje de Dios en el día de Pentecostés. Él anuncio que la esposa de Zacarías–Elizabet, tendría un hijo, vino durante las dos semanas el cual Zacarías servía en el templo, y el día de Pentecostés ocurrió en Sivan 6, en el medio de ese período de dos semanas. Ya que el nacimiento de Juan el Bautista era un cumplimiento de profecía mayor, es apropiado que Dios mandaría el ángel Gabriel en un día santo para anunciar la promesa de su concepción hacia Zacarías.

Como Zacarías no creyó en la promesa de Dios, Gabriel pronunció que hubiera una señal de Dios. Zacarías se haría mudo e incapaz de hablar hasta que el niño naciera y sería dado el nombre que Dios había escogido (Lucas 1:13, 19-20). Después que él cumplió con su servicio en el templo, Zacarías regresó a su hogar, y Juan fue concebido en los días siguientes. “Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su esposa Elizabet, y se recluyó en su casa por cinco meses…” (Lucas 1:23-24).

El Evangelio indica que Elizabet quedó embarazada un poco tiempo después que Zacarías regresó a su hogar. Como él regresó a su hogar en Mayo 29, es razonable a pensar que ella quedó embarazada entre Mayo 30 y Junio 12 (Sivan 13-26) en el año 6 a.C.,esto permite dos semanas de concepción.

Lucas fue inspirado a registrar que Elizabet estaba en su sexto mes de su embarazo cuando la virgen María fue milagrosamente fecundada por medio del poder del Espíritu Santo y concibió a Jesús. “Y he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez, y éste es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril” (Lucas 1:36). Basado en el tiempo estimado de concepción, el sexto mes del embarazo de Elizabet ocurrió en Noviembre/Diciembre según el calendario Romano.

Lucas nos da detalles adicionales cuales indican que María quedó embarazada durante las últimas dos semanas del sexto mes de Elizabet. A María le fue dicho por el ángel Gabriel que Elizabet ya estaba en el sexto mes de su embarazo. María entonces visitó a Elizabet y se quedó con ella casi tres meses (Lucas 1:39-40, 56). Un poco tiempo después que María se fue, Elizabet llegó a su período de nueve meses, y Juan nació entre Adar 19 y Nisan 3, o sea Febrero 27 y Marzo 11, en el año 5 a.C.

Como ilustrado en el calendario Hebreo/Romano coordinado en las siguientes páginas, el período probable de la concepción de María ocurre en el mismo tiempo de las últimas dos semanas del sexto mes del embarazo de Elizabet. Ese período de dos semanas ocurrió en Kislev 17-30, o sea Noviembre 28-Diciembre 11. Proyectando hacia adelante nueve meses desde el tiempo estimado de la concepción de María, llegamos al periodo dos semanas en cual Cristo probablemente nació. Este período de dos semanas ocurrió en Elul 24- Tishri 8, o sea Agosto 27 – Septiembre 9. Como el calendario Hebreo/Romano demuestra, la Fiesta de Trompetas cayo en medio de este período de dos semanas.

Muchos versículos Bíblicos enseñan que la Fiesta de Trompetas simboliza la segunda venida de Jesucristo. ¡El Día del Señor y las trompetas de los angeles en el libro de Apocalipsis claramente demuestra este simbolismo y significado! ¿Acaso no es razonable concluir que Dios también escogió la Fiesta de Trompetas como el día del nacimiento de Jesucristo? El apóstol Pablo revela que el nacimiento profetizado de Jesucristo sería cumplido en un tiempo fijo. Pablo escribió, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer…” (Gálatas 4:4). Mientras el Evangelio no revela el día específico, el nacimiento de Jesucristo en la Fiesta de Trompetas estaría con armonía con el gran plan de Dios como es demostrado por medio de sus días santos anuales.

Aunque las Escrituras no registran la fecha exacta de Su nacimiento, la evidencia Bíblica e histórica lo hace muy claro Jesucristo no nació en el invierno o primavera. Toda la evidencia claramente señala hacía el período de dos semanas cerca de la Fiesta de Trompetas, en el otoño de 5 a.C., como el tiempo en cual Jesucristo nació. Los cristianos de hoy necesitan abrir sus ojos a esta verdad y rechazar su creencia que Jesús nació en el 25 de diciembre. La verdad de las Escrituras es que la observancia de la Navidad no honra a Jesucristo y tampoco conmemora Su nacimiento. ¡Las festividades tradicionales que son observadas cada año en la Navidad son una continuación de costumbres paganas que ningún cristiano debe de practicar!

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Dispensacion o ruina actual

18 diciembre 2009

Sobre la Ruina de la Dispensación Actual PDF Imprimir E-Mail
Escrito por J.N. Darby

SOBRE LA RUINA DE LA DISPENSACIÓN

ACTUAL

Después de haber dado estas explicaciones, retorno al tema de la ruina de la actual dispensación, es decir, del sistema establecido por Dios aquí abajo_ a lo que dice la palabra de Dios concerniente al destino de esta dispensación. Deseo hablar con todo el respeto posible; pero me parece que nuestro hermano ha fallado en comprender lo que dice la Biblia sobre este tema. Este no es el lugar para cuestiones con relación a las iglesias, sino de las intenciones o las advertencias de Dios, concerniente a aquello que fue establecido sobre la tierra, después de la muerte y exaltación de nuestro Señor Jesús. No me aferro a la palabra dispensación, aunque esta se usa generalmente para especificar cierto estado de cosas, establecido por la autoridad de Dios, de un periodo dado. El autor del panfleto da a ésta este sentido cuando habla de la dispensación levítica, la presente dispensación, la dispensación de la plenitud del tiempo, etc. lo que ahora tenemos que hacer, es tratar y conocer lo que concierne a la dispensación actual.

La mayor parte de la dificultad, que en general se presenta a los pensamientos de los fieles sobre este tema, consiste en confundir las intenciones de Dios con relación a la dispensación con Sus consejos respecto a los fieles encontrados en ella. Estos consejos nunca pueden fallar en su efecto, pero la misma dispensación puede pasar y llegar a un fin (aunque habiendo sido para la gloria de Dios, al haber desplegado Sus designios), porque la infidelidad del hombre la ha hecho inadecuada para ser el medio de manifestar más esta gloria. Entonces Dios, quien conoce de antemano todo lo que se propone cumplir, sustituye esta dispensación por otra en la cual el hombre es puesto en otra forma de prueba, y de esta manera todos los tratos de Dios son manifestados, y Su multiforme sabiduría brilla en su verdadera brillantez aun en los lugares celestiales. Sabemos que la dispensación levítica ha pasado, y que los fieles que se encontraban allí han sido salvados conforme a los consejos de Dios. Nuevamente examinemos, con más desarrollo, lo que dice la palabra de Dios de la dispensación actual.

Primero, tenemos una muy solemne pregunta, que está íntimamente conectada con el destino de la dispensación. ¿Es esta dispensación la última? Esta es evidentemente una pregunta de gran importancia. El autor del panfleto dice que, después de todo, esta es siempre la misma dispensación de la plenitud de los tiempos que subsiste; es siempre judíos y gentiles formando un cuerpo en Cristo por fe, y siendo el pueblo de Dios bajo el nuevo pacto. Esta dispensación de la plenitud de los tiempos, dice él, es suficientemente explicada en Gál.4:4, “pero cuando llegó la plenitud del tiempo,” etc., y la reunión de todas las cosas en Cristo, dice él, se explica suficientemente en Efes.2 por reunir a judíos y gentiles en un cuerpo de Cristo. Si me atrevo a lamentarme de expresiones, diría que no deseo escuchar que se diga que un pasaje es suficientemente explicado por el otro. Deseo más bien buscar lo que Dios tiene que decir en cada pasaje.

¿Se me permite hacer un comentario aquí? Difícilmente puedo suponer que el autor del panfleto ignora todo lo que se ha escrito sobre el sujeto de la venida del Salvador para introducir una nueva dispensación. Un gran número de cristianos de todas las denominaciones, y aun de sus hermanos en el ministerio, ya sea nacional o disidente, creen plenamente, como una verdad de la fe cristiana, que habrá otra dispensación antes del fin del mundo. Dudo realmente, si entre estos hermanos disidentes cuyo ministerio es poco conocido (esto se refiere a Suiza) haya uno que no crea en esta verdad. No los cito a ellos como autoridades; pero estoy sorprendido que el autor se complazca a sí mismo al decir que Gál. 4:4 suficientemente explica Efes.1:10.

Examinemos un poco esta cuestión por la palabra de Dios. Primero, aunque en muchas traducciones el parecido entre la plenitud de los tiempos de Efes. 1:10 y la plenitud del tiempo en Gál. 4:4 puede sorprender a las personas, sin embargo este parecido no existe en el griego.

El pasaje de la epístola a los Gálatas solo significa que el periodo había llegado, que el tiempo que había corrido estaba cumplido, o, si usted quiere, que el tiempo propuesto y ordenado en la sabiduría de Dios había llegado plenamente. Martin traduce “cumplimiento del tiempo,” que me parece muy exacto. Pero en Efesios 1:10 es la dispensación de la plenitud o del cumplimiento de los tiempos, la dispensación que se caracteriza como el cumplimiento de todos los arreglos de Dios.

Ahora, no es una dispensación la que está en cuestión, cuando se dice que un cierto término ha llegado, que un cierto hecho es cumplido; aunque el hecho puede ser el fundamento de la dispensación actual. Lejos de ser una descripción de esa dispensación, ya que la mayor parte de la descripción gira sobre aquello que ha precedido la dispensación, sobre eso que debía ocurrir antes de que la dispensación existiese. Cristo nació bajo la ley no en esta dispensación, aunque Su nacimiento necesariamente la ha precedido. Tampoco es una cuestión, en este pasaje de Gálatas, de la reunión de judíos y gentiles en un cuerpo, sino de la relación de los redimidos con Dios. Y si la unión de judíos y gentiles explica suficientemente la unión de todas las cosas en Cristo, pregunto, ¿cuál de los judíos o gentiles representa las cosas que están en los cielos? (Efes.1:10). Además, los judíos serán restaurados y bendecidos como una nación en la dispensación que ha de venir, que es una cosa completamente distinta de su unión con los gentiles en un cuerpo. Aquí estamos sobre un punto fundamental, sobre lo que depende la cuestión. Siento que debo señalar esto claramente. Nuestro hermano dice, que la dispensación actual es la dispensación de la plenitud de los tiempos, que Gál. 4:4 se refiere a esto también, y que es siempre esta dispensación la que subsiste, aunque en diferentes fases; en resumen, que al retorno de los judíos esta dispensación subsistirá, como también la dispensación de la reunión de judíos y gentiles. Esto es evidentemente un punto capital; porque, si hay otra dispensación esta necesariamente debe terminar, en lugar de subsistir hasta el fin.

Por mi parte, digo, que no hay conexión entre Efes. 1:10 y Gál.4:4; y además creo que el autor ha confundido el nacimiento y la primera venida de Cristo (Gál.4:4) con la dispensación de la plenitud de los tiempos; que esta dispensación de la plenitud de los tiempos aun no existe, y que la dispensación actual debe terminar en cuanto a dar lugar a otra. Dudo que se encuentre entre sus hermanos alguno, bien instruido en la palabra, que pudiese concordar con él en sus afirmaciones; y aun así todo su sistema depende sobre su estar bien fundamentado. Pregunto a cada hermano, capaz de formarse un juicio, si la explicación que nuestro hermano ha dado de Efes. 1:10 y Gál.4:4, es justa. ¿Encontrarán también que la aplicación de la expresión “la dispensación de la plenitud de los tiempos” a la dispensación actual es correcta? Pongamos gran atención a esta pregunta. Dios se ha agradado en revelar a la iglesia el misterio de una futura dispensación; el sistema del autor del panfleto oculta el misterio y sumerge a la iglesia nuevamente en la ignorancia en este respecto. No ha sido la voluntad de Dios que los cristianos de entre los gentiles ignoren que Israel fue rechazado, como nación, pero solo durante el periodo de la plenitud de los gentiles. El autor hace el misterio una vez más desconocido, y desea tener a los judíos, como un cuerpo nacional, tomando su lugar en la plenitud de los gentiles.

La supremacía de Cristo sobre todas las cosas se encuentra manifestada en el primer capítulo de la epístola a los Colosenses distinta de Su supremacía sobre la iglesia. Una cosa pertenece a Sus derechos como Creador, aunque Él las goza como Hombre; la otra del poder de Su resurrección, de acuerdo al cual Él es Cabeza del cuerpo (ver, para lo primero, Col. 1:15,16; y para lo segundo, v.18). De manera que no es verdad que estas palabras, la iglesia y todas las cosas, son términos idénticos, que, en el pasaje (Efes.1:10), la reunión en uno de todas las cosas es un misterio revelado a la iglesia, y que, al fin del capitulo, tenemos a Cristo, Cabeza de Su cuerpo , la iglesia, sobre todas las cosas.

No digo que el panfleto me haga decir, “que la dispensación de la plenitud de los tiempos ha fallado;” porque niego completamente que esa dispensación aun haya llegado. Añado que la salvación a través de la sangre de Cristo existió antes de esta dispensación, y de igual manera, que habrá fieles en el tiempo del anticristo, y es evidente que acceso al trono de la gracia estará aun abierto; pero eso no impide el hecho, que esta dispensación está en un estado de ruina, que la apostasía existe, porque la palabra de Dios afirma que la presencia del anticristo será la señal de que la apostasía ya ha llegado[1]. Repito lo que he dicho en mi panfleto, que la reunión en un cuerpo de los hijos de Dios (no como el autor de la respuesta me ha hecho decir, la reunión en uno de las iglesias) fue el inmediato objeto de la muerte de Cristo en relación con esta dispensación, porque Juan dice eso en su evangelio, Jn.11:52. El pasaje (Efes. 2:17,18) citado por el autor de la respuesta muestra lo contrario, y prueba lo que digo, si se examina desde el v. 16 hasta el final; y el cap. 3:4-6.El tema que el apóstol trata en todo el pasaje, no es la salvación en Cristo, o el acceso de un cristiano al trono de la gracia, sino la unidad del cuerpo. Sería imposible aquí entrar en las cosas que prueban que una nueva dispensación tomará lugar a la venida del Señor. Esto ha sido tratado en otra parte.

Solo mencionaré que Hech.3 nos enseña que los tiempos de refrigerio vendrán de la presencia de Dios, cuando Él haya enviado a Jesús; que entonces las gloriosas cosas dichas por los profetas tendrán su cumplimiento, pero no antes. No es sino hasta después que la plenitud de los gentiles (toda la iglesia de entre los gentiles) haya entrado, que Dios salvará a Israel; es solo cuando Dios haya puesto fin a los tiempos de los gentiles y hecho pedazos la imagen, que la pequeña piedra crecerá y vendrá a ser una montaña que llenará la tierra (Dn.2:33,34); finalmente, el Señor vendrá para ejecutar juicio sobre las naciones, lo que evidentemente pondrá fin a la dispensación. Entonces los judíos serán reconocidos como la nación favorecida por Dios, que es una cosa imposible mientras dure la dispensación actual. El autor del panfleto me permitirá decirle, que para fundamentar su argumento con relación a la iglesia y la dispensación actual sobre la afirmación que Efes.1:10 es suficientemente explicado por Gál.4:4, de ninguna manera esto se encomienda a aquellos que siempre han estudiado la palabra. Es evidente que habrá una dispensación en la cual el Señor reinará en justicia; ahora Él está tratando en la paciencia de la gracia[2].

Probemos ahora por evidencias directas, que esta dispensación, a su fin, será un estado de ruina y no de restitución. El Señor nos dice que, como fue en los días de Noé, y de Lot, así será “cuando el Hijo del Hombre sea revelado.” Allí habrá, sin embargo, personas fieles, a quienes Dios sabrá como preservar; ¡Bien! ¿No cree el autor que el mundo, en tiempos de Noé y Lot, estaban en un estado de ruina? Así será cuando el Hijo del Hombre sea revelado. El estado de cosas existente entonces era uno de ruina, aunque había allí personas fieles. Este puede llamarse una economía, dispensación, o lo que a usted le agrade; la fuerza de la verdad aquí es obvia.

En cuanto a 2 Tim.3, no he citado esto con el pensamiento de que esto por si mismo pudiese mostrar la existencia de una apostasía; sino para mostrar que la palabra de Dios siempre nos presenta el cuadro de la ruina del estado de cosas establecido por Dios_ una ruina que la presencia de unos pocos fieles no puede impedir_ una ruina que terminará en completa apostasía, y en la manifestación del anticristo, y que terminará en juicio o corte de ella. Los tiempos peligrosos vendrán: esto es todo lo que ve nuestro hermano; pero ¿en qué consiste la dificultad de estos tiempos? Es esta: que los hombres, cristianos por profesión, se encuentran nuevamente en la condición reprobada de los gentiles, descrita en Rom.1. Y se añade que los malos hombres irán de mal en peor. Se dice, que los hombres estarán en este estado. ¿No es ese un estado de ruina, una condición caída, cuando la descripción de la cristiandad es como la de los gentiles, a quienes Dios ha entregado a una mente reprobada? Compare Rom.1 y 2 y 2 Tim. 3. En el original el parecido es aún más impactante. Por tanto tiempos difíciles no solo son anunciados, sino también se nos muestra el carácter especial de estos tiempos. Podemos añadir que, cuando los tiempos son tan difíciles hay necesidad de extraordinarias advertencias , es evidente que este debe ser un estado general_ un estado que caracteriza la dispensación, y más o menos en contraste con aquellos de los primeros tiempos. De esta manera leemos en 2 Tes. 2_ la gran apostasía _ que aun no ha sido consumada. Pero en la aplicación de este pasaje al destino general de la economía, afirmo que esto nos enseña acerca del misterio de iniquidad que estaba obrando en el día del apóstol, y que debía continuar, y cuando aquello que lo restringe fuese quitado, el inicuo sería revelado, a quien el Señor destruirá con el resplandor de Su venida; y que, previo a esto, la apostasía tendría lugar.

¿No es la ruina de la dispensación, la manifestación de una apostasía, cuyos principios ya estaban obrando en el tiempo del apóstol, y solo esperaba hasta que lo que la restringe sea quitado de en medio, para manifestarse en el inicuo? El autor dice que esto no prueba que la dispensación ha sido cerrada. Yo no creo que ésta esté cerrada, no he dicho esto, pero eso revela la ruina de la dispensación_ una ruina, el instrumento de lo que ya estaba obrando, y que termina en apostasía y juicio. Eso es lo que he dicho.

En la palabra de Dios vemos dos grandes misterios, que se desarrollan durante la dispensación actual: el misterio de Cristo, y el misterio de iniquidad. Los consejos de Dios, comprometidos en lo primero, tienen su cumplimiento en el cielo. La unión del cuerpo de Cristo con Él en gloria evidentemente tendrá su cumplimiento sobre lo alto. Pero, por el poder del Espíritu Santo, debe haber sobre la tierra durante esta dispensación la manifestación de la unión del cuerpo de Cristo. Pero aquí la responsabilidad del hombre es introducida por su participación en esta manifestación aquí abajo, aunque al fin todo será para la gloria de Dios. Por tanto la dispensación puede estar en un estado de ruina, aunque los consejos nunca pueden fallar; por el contrario, nuestro fracaso será vuelto para Su gloria, aunque Él juzgue justamente.

En esta esfera de la responsabilidad humana, Satanás puede introducirse desde el momento que el hombre falla en apoyarse sobre Dios. Conocemos esto por la experiencia de cada día.

Está revelado, entonces, que el misterio de iniquidad seguiría su curso. No se trata aquí de consejos, sino de un mal hecho en el tiempo. La cuestión aquí es del misterio de iniquidad; la apostasía no es un misterio. No hay necesidad de una revelación para informarnos que un hombre que niegue a Jesucristo no es un cristiano; él dice esto. Pero en este caso, es un mal que ha comenzado obrando en el seno de la cristiandad, en relación con el Cristianismo; un misterio del cual el inicuo será la plena revelación, como la gloria de Cristo y la iglesia será el pleno cumplimiento del misterio de Jesucristo. Las palabras traducidas, en muchas versiones “iniquidad” y “malo,” son las mismas en el original; salvo que uno indica la cosa, y la otra a la persona. Este misterio de iniquidad estaba obrando en días del apóstol: después el velo sería quitado. La apostasía tendría lugar entonces: y finalmente la iniquidad llegaría a su fin por la aparición de Cristo. De este modo la dispensación es llevada a un final: esto es lo que tenemos revelado en este pasaje. Entonces, como vemos en otras partes, esto será para introducir la gloria y reino de Cristo, de manera que toda la tierra será llena con el conocimiento de la gloria de Dios.

Lo que sea que los cristianos y los teólogos puedan haber dicho sobre la parábola de la cizaña (Mt.13), puede permitirse decir que esto nos enseña algo completamente diferente de lo que nuestro querido hermano encuentra aquí. Él nos dice que ‘dondequiera que el Señor siembra la buena semilla, el enemigo también vendrá para sembrar la cizaña, y así será hasta el fin’. Esto no es todo lo que declara la parábola, aunque la cosa pueda ser verdadera en sí misma.

La palabra nos presenta una similitud del reino de los cielos, a la cual pertenece esta dispensación, y de la cual forma parte. No hay sembrador sino el Hijo del Hombre, y la obra que Él ha hecho es estropeada, no en cuanto al granero, porque Él sabrá como separar el trigo de la cizaña, sino en cuanto al mundo, en el cual la obra de esta dispensación toma lugar. Vemos también que el mal, que se introdujo en el mismo comienzo debido al descuido de los hombres, y que no puede ser reparado por los hombres como un todo, y en este mundo. Porque esta es una dispensación de gracia y no de juicio.

Los consejos en cuanto al trigo no pueden fallar_ éste estará en el granero. Pero la obra, con respecto a este mundo, ha sido estropeada; porque los hombres a los cuales les había sido confiada, y a causa de su descuido han dado ocasión a la obra del enemigo, a la cual no puede aplicarse ningún remedio, mientras la dispensación subsiste. No he dicho que esta parábola prueba que el mal debía ir en aumento; sino que he dicho que el Señor ha pronunciado este juicio: que los siervos no podían remediar este estado de cosas. ¿No es esto lo que dice la parábola? Nunca se dice en la palabra que la apostasía ahogaría al trigo, o a los fieles. Habrá fieles bajo el periodo del anticristo, como hemos visto, aunque es cierto que la apostasía existirá entonces. En cuanto a mí, solo me atrevo a decir lo que la palabra ha predicho. Veo un mal, al cual ha dado lugar el descuido del hombre, que ha estropeado la obra del Señor, en cuanto a su estado y como un todo en el mundo, que solo el Salvador puede remediar, y que Él remediará poniendo fin a esta dispensación, a esta edad, por medio de la siega.

Suplico a aquellos que desean conocer los pensamientos de Dios, que comparen muy cuidadosamente lo que he dicho con los textos citados, y para ver si todo es correcto. Nuestro hermano pasa por alto Judas, porque lo que yo he dicho es oscuro. Me esforzaré en hacer esto claro. Digo que la palabra de Dios nos enseña que el mal que será el objeto del juicio del Señor Jesús, a Su venida, entró en la iglesia desde su comienzo; y que este mal continuará, y eso, a pesar de toda la bondad y paciencia de Dios, Él la juzgará. Cito a Judas en apoyo de esta afirmación. Él nos enseña que ciertos hombres habían entrado encubiertamente en la iglesia, quienes estaban marcados de antemano para esta sentencia. Aunque en ese tiempo estas personas no se manifestaban aun así, él presenta, por el espíritu de profecía, estos tres caracteres: el odio natural de un corazón alejado de Dios, como el de Caín; la enseñanza del error por una recompensa, como en Balaam; y abierta rebelión como en Coré. En esta última etapa ellos perecen. Él dice, es de estos que Enoc había profetizado cuando dijo que el Señor vendría con Sus santas millares para juzgar a aquellos que han hablado contra Él, etc. Sin embargo, habrá fieles; pero ya, aun en el tiempo de Judas, el mal, que debe terminar en abierta rebelión y que debe ser el objeto del juicio de Cristo a Su venida, existía ya en la iglesia.

Examine la epístola (no es larga), y vea si no habla de un mal que ya se había introducido en la iglesia, y que traerá el juicio de personas que aún estaban ocultas, pero que, siendo más plenamente manifestadas, serían el objeto de este juicio. ¿cuál es la impresión producida por la epístola, si no es una advertencia a un remanente fiel contra un terrible mal que traería este juicio_ contra un mal que existía entonces en el seno de la iglesia, que la condición de Sodoma y Gomorra, y de los ángeles caídos, presentaban un terrible pero justo cuadro? ¿No era ese un estado de ruina y fracaso, que entonces solo estaba brotando, es verdad, pero cuyas características y fin no estaban ocultas del Espíritu profético en el apóstol? Si hay oscuridad en todo esto, al menos hay en esta oscuridad una terrible sombra, una sombra que Dios ha puesto allí, y que presiona sobre nosotros no pasar por alto esto fácilmente, especialmente cuando tan grave materia está en cuestión, como es el destino de la iglesia.

Aquí tengo un importante comentario que añadir. Esta epístola de Judas, que en una manera especial trata de la ruina, como también aquella de Juan, que pone a los fieles en guardia contra los anticristos, de ninguna manera se dirige a una iglesia, sino a todos los que componen la iglesia en general, a los fieles teniendo intereses y un destino común. Lo mismo puede decirse de la segunda epístola de Pedro, que también habla de lo mismo, aunque ésta tiene un carácter más en relación con los cristianos de entre los judíos.

El autor del panfleto pone a un lado todo lo que puede ser citado de Apocalipsis. Sabemos que el Espíritu ha dicho, “bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guarda las cosas escritas en ella, porque el tiempo está cerca.” Y no puedo refrenarme de decir, que es precisamente sobre este punto en cuestión que esta advertencia y promesa ha venido a ser importante.

No deseo entrar en los detalles sobre el Apocalipsis; pero pregunto, ¿no nos presenta este libro en su parte profética, cuando Laodicea (la última de las iglesias mencionadas) ha sido vomitada de la boca del Señor, y cuando Juan ha sido tomado al cielo? ¿Es este el establecimiento de la dispensación en bendición, o profecías muy claras acerca de su miseria y juicio? En cuanto a mi, encuentro que los reyes de la tierra se reunirán por medio de espíritus inmundos para hacer guerra contra el Cordero; que Babilonia la grande corromperá la tierra, hasta que ella sea juzgada; y que la vid de la tierra será arrojada en el lagar de la ira de Dios, y hollada allí; finalmente, que los reyes de la tierra, perseverando en el mal, darán su poder a la bestia, y que, a través del juicio de Dios sobre ellos, quienes tendrán una sola y misma voluntad.

Ahora no interpreto, tomo estas cosas como un todo. ¿Anuncian ellas, incluyendo la vid de la tierra, un estado de corrupción, de apostasía, y finalmente de corte o puesta a un lado de esta dispensación, antes del comienzo de los mil años de bendición que vendrán por la presencia del Señor? No pienso que la iglesia haya hecho algún bien por poner a un lado tales advertencias; porque Dios ha ligado una bendición especial a aquellos que las escuchan. Si el autor del panfleto no desea detenerse sobre esto, no debe sorprenderse si alguno llama la atención de los hijos de Dios a tales porciones de la palabra. Permítame recordarle que, si este libro fue dirigido a las iglesias existentes entonces, la cuestión, por habérseles dirigido a ellas, no era de iglesias, sino de ruina, apostasía, y de juicio. Este es el futuro el que se le presentó a Juan cuando subió al cielo. Si había iglesias, ellos debían dar a atención a esto.

En 1 Jn. 2:18, tenemos un muy sorprendente ejemplo de la forma en la cual los últimos tiempos se presentan a la mente y pensamiento del apóstol, al espíritu de profecía que Dios le había dado. Estos tiempos se caracterizarán por la presencia del malo, del anticristo, y además de eso, aun en los tiempos de los apóstoles, las señales entonces eran. “Sabéis que el anticristo viene,” este era un tema del cual aun bebés en Cristo eran informados. “aun ahora hay muchos anticristos; por lo cual sabemos que este es el último tiempo.” Finalmente, el apóstol llama la atención a los pequeños en Cristo a la venida del Salvador. Uno debe admitir ciertamente, que la presencia del anticristo es una señal de la ruina no de los fieles, sino de la dispensación como un todo, y que el tiempo de corte y juicio de ella se estaba acercando. ¿No es también verdad, que el pasaje en Juan confirma el testimonio dado a esta verdad, que el mal ocasionaría el corte de aquello que se había introducido desde el principio, y continuaría hasta que Dios ejecutase el juicio, que destruiría al inicuo, y que como consecuencia la dispensación no sería restaurada?

Si la paciencia de Dios ha soportado el mal por largo tiempo, ¿implica eso que el juicio será menos cierto para Aquel que mil años son como un día y un día como mil años, o para la fe que se aferra solamente a Su palabra?

Ahora llegó a Rom.11. Aquí los argumentos del autor del panfleto están contra el apóstol y contra mí. Él dice que, en vista a que el corte de la dispensación tenga lugar, los judíos como los gentiles deben encontrarse en ésta. ¿No ha escuchado él jamás, en la palabra, de iglesias de los gentiles; de un apóstol de los gentiles; de una recepción de gentiles como un cuerpo, cuando los judíos han sido cortados; gentiles sobre los cuales ha sido invocado el nombre de Dios? Es verdad que, en cuanto al principio fundamental de la iglesia, no hay en ella judío ni gentil, porque todos son vistos como resucitados juntamente con Cristo; pero en cuanto a la dispensación terrenal de la iglesia, hubo un apóstol de los gentiles y otro de la circuncisión. Hubo también esta distinción_ “al judío primero, después al griego;” y es de esta dispensación terrenal que estamos hablando.[3]

Creo que nuestro hermano encontrará que la muerte de Esteban fue la ocasión para un importante cambio en este respecto; es de eso que estamos hablando. Los judíos entonces eran culpables, porque habían rechazado no solo al Hijo del hombre, sino también el testimonio del Espíritu Santo a la gloria de Jesús.

El apóstol aquí habla de las ramas injertadas en el buen olivo en lugar de aquellas que habían sido cortadas; él habla de la dispensación de las promesas de Dios. Este ya es un importante principio. Él habla de gentiles, como habiendo tomado el lugar de los judíos, en el goce de la dispensación de las promesas (ver vv. 12,13); porque los judíos fueron cortados dispensacionalmente del olivo. Es evidente que los fieles entre ellos no fueron cortados de Cristo_ lejos de eso, ellos gozaron de comunión con Él en una forma infinitamente más elevada que la que poseían antes; pero, como una dispensación, las ramas judías han sido cortadas. Hay entonces, además de la unión de Cristo con los fieles, privilegios gozados como una dispensación, que pueden perderse; porque los judíos, como una dispensación, los han perdido. El apóstol nos dice, además, que los gentiles han sido puestos en el lugar de los judíos, en esta posición; no soy yo quien dice esto, sino el apóstol. Él también nos dice, que en esta posición ellos, como los judíos, son responsables, y pueden ser cortados, como lo han sido los judíos, aunque el remanente ha gozado, posteriormente al corte de la dispensación, privilegios más elevados, como los fieles de la dispensación actual gozarán con el Señor en gloria durante el reino de mil años, aunque la dispensación en la cual ellos han sido fieles ha terminado; es decir, a pesar de que Dios haya puesto fin a la dispensación actual, en la cual Él ahora se pone a Si mismo en relación con los hombres aquí abajo.

En diferentes dispensaciones, Dios se ha puesto en relaciones con los hombres, sobre ciertos principios; Él los juzga a ellos de acuerdo a estos principios. Si aquellos que están en estas relaciones exteriores son infieles a los principios de la dispensación, aunque Dios pueda tener gran paciencia, Él pone un fin a ésta, mientras al mismo tiempo preserva a los fieles para Sí mismo; esto es lo que Él ha hecho en cuanto a la dispensación judía. ¡Bien! Este capítulo nos informa que los gentiles han sido injertados en el lugar de los judíos, note, que al hacer esta declaración, no argumento concerniente a lo que debía ser, sino que cito la revelación de Dios contenida en este capítulo. El Espíritu Santo habla de gentiles, y los pone a ellos bajo responsabilidad, y los amenaza con el mismo destino de Israel.

Examinemos más de cerca este capítulo. Primero, el apóstol distingue entre los consejos de Dios, y el goce de los privilegios ligados a la dispensación. En cuanto a los consejos de Dios, los judíos, como nación, deben gozar de las promesas, que les han sido hechas en Abraham, Isaac, y Jacob, a pesar de todo lo que pueda ocurrir, porque “irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” Esto es además lo que ocurrirá en otra dispensación en el mundo venidero[4].En la dispensación actual[5], lo que nos es presentado es un cuerpo, reunido para el cielo sacado de todas las naciones. Pero en cuanto a la dispensación de Dios, los judíos deben ser cortados hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y la puesta a un lado de la dispensación no impide que un remanente sea librado y salvado: esto es lo que el apóstol muestra al comienzo del capitulo.

Los consejos de Dios permanecen firmes, en cuanto a los judíos, aunque la dispensación judía es puesta a un lado, y un remanente es preservado_ a pesar de su apostasía y corte, para formar parte de otra dispensación. Mientras tanto, este remanente ha perdido su carácter judío, y lo que está ante nosotros es la introducción de la plenitud de los gentiles, después que Dios nuevamente tome Sus consejos y tratos con la nación judía. Puestos a un lado durante esta dispensación, pero guardados por la poderosa mano de Dios, judicialmente cegados, y enemigos concerniente al evangelio, esta nación a pesar de ello es amada por causa de los padres. Este rechazo de los judíos es la reconciliación del mundo. Los gentiles son injertados en el buen olivo de las promesas hechas a los padres, y, dice el apóstol, bajo la misma responsabilidad que ha resultado en el corte de las ramas judías. De manera que, si ellos no permanecen en la bondad de Dios, ellos también serian cortados; por lo cual debían dar atención a esto, y no mantener la idea que ellos no podían caer como habían caído los judíos, viendo que eran sujetos a las mismas condiciones: “severo para aquellos que cayeron.” El misterio de iniquidad; el sueño durante el cual el enemigo siembra cizaña: tiempos peligrosos; el estado de los cristianos que es semejante al de los paganos; finalmente, la apostasía; todo esto no es, me parece, permanecer en la bondad de Dios.

Además, el apóstol no quiere que seamos ignorantes acerca de este misterio, que debe entrar la plenitud de los gentiles, y entonces Israel será salvo como una nación por la venida del Libertador, quien saldrá de Sión y que apartará la iniquidad de Jacob. De este modo Israel, Jacob, la nación será salvada, porque los consejos de Dios no cambian. ¿Pero tiene lugar esto en esta dispensación? De ninguna manera; esta tiene como su principio, la ausencia del Salvador, y un llamamiento celestial, por la presencia de otro Consolador, quien nos une a Jesús en los lugares celestiales, y quien, al comunicarnos Su perfecta y cumplida salvación, nos hace andar como peregrinos y extranjeros aquí abajo, siendo uno cuerpo con Aquel que está en lo alto, luchando contra espíritus de maldad en lugares celestiales, y pasando a través de un mundo llamado “este presente siglo malo”, mientras tomando la cruz para seguir a Jesús en Su humillación. Pero Israel será salvado, cuando el Libertador venga de Sión. El mundo será bendecido por la presencia y reino del Salvador; el presente siglo malo habrá terminado; Satanás estará atado; la gloria de este mundo, en lugar de ser una trampa colocada por el enemigo para alejar a los fieles de su llamamiento celestial, será la gloria de Cristo mismo; el goce de todo lo que este mundo puede dar será la porción de los fieles aquí abajo, en lugar de la cruz. ¿Es esta la misma dispensación? En el lugar de la gracia que soporta todas las cosas, y que, mientras sometiéndose a todo, se encomienda a Aquel que juzga justamente, este será un reino de justicia, que no permitirá el mal, porque Jesús habrá tomado Su gran poder y actuará como Rey. Si, la presencia y reino de Jesús traerá este inmenso cambio. En una palabra , mientras ahora tenemos que seguir a Jesús en Su humillación y rechazo_ preciosa participación en Sus sufrimientos, de manera que podamos ser glorificados juntamente, entonces se tratará de la presencia de Jesús reinando en poder. Esta será la dispensación de la plenitud de los tiempos. Los judíos serán una nación separada, y todas las promesas hechas a los padres serán cumplidas en su favor. Hablo ahora de la parte terrenal de esta dispensación, de eso que concierne al mundo y los judíos; porque cosas mucho mejores están reservadas para aquellos que habrán sufrido con Cristo, y que entonces serán hechos iguales a los ángeles, y aun puestos en una posición superior a ellos; de manera que todas las cosas en los cielos y sobre la tierra de este modo serán reunidas bajo un Cabeza, reunidas en uno, en Jesús, el centro de bendición, la manifestación del poder y gloria del “Dios Altísimo, poseedor del cielo y la tierra.”

No; la fe y la esperanza que están fundamentadas sobre la palabra, no pueden reconocer el presente siglo malo, durante el cual Jesús está ausente, como esta dispensación de la plenitud de los tiempos. Pero hay un verso, cuya traducción ha ayudado a esta falsa interpretación, es decir, Rom. 11:31. Esta es la verdadera traducción: “así también éstos ahora no han creído en vuestra misericordia, en vista a que ellos, también, puedan ser objetos de misericordia.” “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” Los judíos fueron los objetos de las promesas, y los gentiles de pura misericordia. Jesús vino para cumplir las promesas hechas a los padres: los judíos lo han rechazado_ y además, ellos han rechazado la revelación de la misericordia mostrada a los gentiles, llenando de este modo la medida de sus pecados, de manera que la ira de Dios “ha venido sobre ellos hasta el extremo,” (1 Tes. 2:16). De este modo ellos también, siendo encerrados bajo incredulidad, vendrán a ser objetos de pura misericordia, como los gentiles, aunque conforme a la carne ellos han sido herederos de las promesas. Esto introduce las riquezas de la sabiduría de Dios en una manera sorprendente a nuestros corazones.

Suplico a aquellos que tienen interés en estos temas que examinen el griego para ver si eso podría traducirse de otra manera; por mi parte nada es más claro. Yo no había entrado sobre el dominio del criticismo, si nuestro hermano no hubiese apelado a este pasaje como una prueba triunfante de que hay una dispensación solo al fin. Para mí, como para el apóstol, este es un gran ejemplo de la sabiduría de Dios, quien ha sabido cómo combinar con fidelidad hacia Su pueblo, hecha aun más sorprendente por medio de esto, la gracia que les muestra misericordia hacia ellos, como una nación culpable y pecadora que ha rechazado las promesas_ una sabiduría que, por medio de esta recepción temporal, llama a los gentiles, no para ser un pueblo terrenal, aunque ellos son probados sobre la tierra, sino para llenar los cielos con Su gloria. Entonces habiendo recordado a Su antiguo pueblo el goce de las promesas, Él les hará manifiesto a ellos, como también al mundo, que Él podía amar a pobres pecadores, como amó a Su bien Amado Hijo, y hecho participantes de la misma gloria en virtud de su unión con Jesús, para alabanza de Su gloria. ¿Podría decir que esta es la misma dispensación presente, donde estoy viajando en aflicción, aunque gozoso, deseando ese brillante día en el cual veré al precioso Salvador, que me ha amado de manera a entregarse por mí, y en que (¡infinita sabiduría!) seré hecho semejante a Él? ¿No diré más bien: ven pronto Señor Jesús, ven pronto?

En resumen, nuestro hermano dice, que él ve una amenaza a los gentiles. Pregunto, ¿una amenaza de qué? ¿No es de ser cortados? Y ahora miremos alrededor y veamos si los gentiles, que han sido injertados en el lugar de los judíos_ si la cristiandad_ ha continuado en la bondad de Dios. Es innecesario hablar del sistema romano, aunque, sin duda, hay almas salvadas en ese sistema. Tampoco hablaremos de los griegos, que apenas subsisten bajo el dominio de los musulmanes_ ese látigo enviado por Dios, o que están sumergidos en la superstición de una jerarquía que reina. Consideremos los países donde la luz del protestantismo ha penetrado. Porque la mayor parte de ellos están sumergidos en la incredulidad; y un creyente aquí y otro allí se encuentran, que pelean contra la incredulidad general.

Compare este estado de cosas, del cual he dado un breve bosquejo, estas características principales serán admitidas por todos, con lo que se dice de la iglesia de Dios en el N. Testamento_ en los Hechos, y la epístola a los Efesios. ¿Está la dispensación en un estado de declinamiento? ¿Ha continuado ella en la bondad de Dios? ¿La separación de algunos fieles ha cambiado este estado de cosas? ¿Qué conclusión deseo sacar de esto? Una profunda humillación por parte de los fieles, lo que sea que diga el panfleto del autor. Y aquí permítanme hacer una observación. Él se lamenta, que yo diga “nosotros”, al hablar de la iglesia, de su miseria, y ruina. Él mismo ha sido fiel, dice él, ¡sea así! No niego esto; y bendigo a Dios por ello. Pero por mi parte, y miserable como me reconozco ser, prefiero identificarme con las aflicciones, miseria, y aun fracaso de toda la iglesia. No deseo añadir a esto mi propia incredulidad; sino, aun si hubiese andado como estos tres hombres, Noé, Daniel, y Job, más bien diría con uno de ellos, “Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. 9:9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado, 9:10 y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.” (Dn. 9:8-10)

Si, sé cuan poco beneficio, y poder puedo llevar a eso que ha caído, aunque evitando el mal, al menos llevaré esto a mis lágrimas, mis simpatías, y testimonio, que el Espíritu de Cristo también me parece que lleva. Además, fidelidad individual no impide que uno sienta, a pesar de uno mismo, el efecto de la infidelidad del cuerpo del cual uno forma parte. Aunque Josué y Caleb al fin segaron el efecto de su fidelidad, ellos también experimentaron, durante su paso a través del desierto, el efecto de la incredulidad de la asamblea; sin embargo, no sin recibir de los otros miembros a través del amor, y del espíritu de Cristo. Si ellos no hacen esto a través del amor, hacen esto a través de la necesidad, aunque nuestro querido hermano no está dispuesto a decir “nosotros,” no pienso que él pueda escapar de las consecuencias del estado general de la iglesia. Pero todo es el resultado de haber perdido la idea de la unidad del cuerpo, este precioso lazo de amor.

Repito lo que he dicho en el panfleto: personas olvidan la falta de poder, cuando piensan que es posible seguir a los apóstoles porque tienen sus escritos. Esto es lo que hace el autor, cuando dice, “por seguir la administración de la iglesia, y el establecimiento de los diferentes cargos, las reglas que el apóstol nos ha dejado”

¿Pero no hubo un poder administrativo, un poder actuando en los apóstoles, al cual no podemos pretender? ¿No hubo en el establecimiento de los cargos una autoridad que no podemos arrogarnos para nosotros mismos? Compare lo que dice el autor. En cuanto a este poder, dice él, Dios nunca lo rehúsa a alguien. ¿No existió en la iglesia primitiva otro poder aparte de obediencia a las leyes apostólicas? No pongo limites a la bendición de la iglesia ahora, pero no es por negar la existencia del poder que existió en ese periodo que encontraremos nuevamente este poder. Cuando nuestro hermano dice que si la apostasía hubiese venido a ser general, se habría predicho que la cizaña ahogaría la buena semilla. La respuesta es, que esto no es lo que se predice en la palabra. Cuando toda adoración de la bestia, excepto de aquellos cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida, la apostasía será general; pero la cizaña no ahogará el trigo, porque Dios nunca se deja a Si mismo sin testimonio. Habrá un tiempo, es verdad, en el cual el testimonio humano cesará, pero entonces Dios dará testimonio de Si mismo por Su clara venganza sobre Sus enemigos.

J.N. Darby

[1] Note a la traducción. Esto se refiere a 1 Jn. 2:18, conectado con 2 Tes. 2. Pero la apostasía es usada generalmente en el sentido en que todo es usado y aplicado al estado de la iglesia profesante bajo el papado. Aquí se trata solamente del argumento del pasaje, que la existencia de santos no prueba que no había ruina, porque habrá santos en los tiempos del anticristo. No creo que la apostasía o el anticristo hayan llegado ya. Esto será desplegado más tarde.

[2] Ver Salmos 96,99; Ezeq.36:9-11; 1 Cor. 6:2; Sofon. 3:8, 9, 19,20. La expresión “mundo ha venir” es aplicable solamente a este mundo bajo una nueva dispensación.

[3] Nota a la traducción._ El pasaje no se refiere al misterio de la iglesia, sino al árbol de promesa comenzando con Abraham

[4] La expresión “mundo venidero” no es aplicable al cielo.

[5] Nota a la traducción._ Estrictamente esta no es una dispensación, sino un llamamiento celestial, introducido, casi al final de la dispensación judía, antes del mundo o edad venidera en el cual las promesas hechas a ellos serán cumplidas.

LOS PACTOS

6 diciembre 2009
Los Pactos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por J.N. Darby
LOS  PACTOS

El pacto es una palabra  común en el lenguaje de una gran clase de Cristianos profesantes, y también en muchos verdaderos creyentes; Pero en su desarrollo y detalle, en cuanto al despliegue de sus principios, me parece  que hay mucha oscuridad debido a una falta de simple atención a las Escrituras.
El dar de la iglesia a Cristo antes de los mundos, y las posteriores bendiciones que nos han sido dadas y que están envueltas en ello, me parecen realmente que son muy claramente declaradas en las Escrituras, como en 1 Tim. 1:9-110. Pero poca atención se  ha dado a lo que contiene este pacto, como administrado en dispensación, en su conexión con el carácter de la Iglesia. Sin debilitar, entonces,  el fundamento sobre el cual descansa, o sacar piedras de éste para  labrarlas para menos necesarios  y apropiados usos, veamos la clara revelación presentada por la bendita Palabra, sobre aquello, que en  sus grandes ramas, se fundamentan los pactos .
El misterio de la voluntad de Dios, conforme a Su propósito, que Él se ha propuesto en Sí mismo, Él nos lo ha revelado; es decir, reunir todas las cosas en Cristo; Las que están en los cielos y en la tierra. Esto (sin embargo consistente con todo, y aún con lo típico de esto) estuvo oculto por edades y generaciones. De hecho, aunque intimaciones progresivas podían ser (mejores esperanzas que sustentaban a los creyentes en  oscuras tinieblas, fue el caso en la profecía), los límites de los actuales  tratos de Dios, en cuanto a la dispensación, fueron estrechados, y los términos de esto rebajados con la condición caída de esas crecientes tinieblas.
La promesa de que la simiente de la mujer quebrantaría la cabeza de la serpiente, tenía un alcance más vasto y era una promesa más comprensiva, que cualquiera subsiguiente revelación de los detalles de sus resultados, en la esfera sujeta a su poder; esto tomó el carácter de la obra más alta. “Para esto el hijo de Dios fue manifestado, para destruir las obras del diablo”. El llamado y promesa a Abraham nuevamente tuvo  un más amplio y pleno significado y propósito que cualquier trato con los Judíos, no solo en el monte Sinaí, sino aún en las previas libertades que los han constituido a ellos como una nación_ un pueblo marcado por Dios como el sujeto favorecido de Su mano fuerte, aunque  Su mano podía manifestarse de una manera más poderosa todavía. Esto tuvo un directo y determinado objeto; no el pleno prospecto de la fe, sino  los actos visibles hacia los sujetos de una presente liberación. La ley, dada en el monte Sinaí, tuvo un fundamento completamente diferente; y lo que  estaba contenido en esta (como una figura  para el tiempo de entonces) estaba basada sobre la obediencia del hombre, en cuanto a sus términos de promesa y bendición, y no en la supremacía de Dios,  aunque fluía de esto.
Si nos volvemos al cántico de Moisés, y al cántico del Cordero, veremos de una vez  la diferencia característica (aún en los sujetos de alabanza) en las dispensaciones. Todo el cántico de Moisés, hermoso como es este, es acerca de la mano y el poder de Dios haciendo maravillas. “Tu diestra, OH Señor, ha venido a ser gloriosa en poder”. De la misma manera Apoc. 15, “Grandes y maravillosas son tus obras, OH Señor Dios Todopoderoso”. El cántico del Cordero es, “justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones”. Nosotros tenemos la mente de Cristo; y Cristo es la sabiduría y el poder de Dios, y la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer por medio de la iglesia; y así en la resurrección, cuando el Señor retorne, en la Iglesia  será manifestado el poder de Dios en Cristo, “conforme a  su gran poder, por medio del cual es capaz también de sujetar todas las cosas a Si mismo” Y entonces,  de hecho (como es ahora conocido a la fe) siendo  realmente vivificados, seremos manifestados, “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”.
Pero ahora la Iglesia aprende, y el creyente, que si mira con asombro y  admiración a la liberación efectuada por la diestra de Dios en el Mar Rojo, puede  también cantar en un tono más alto y bendito; pero ahora esto tiene una más íntima y distinta lección que enseñar_ una peculiar, y privilegiada lección_ los caminos de Dios, el pensamiento de Dios; y por tanto este debe contentarse con sufrir. Este no es el tiempo, propiamente hablando, para que el poder sea ejercitado, sino para “ser renovados en el conocimiento conforme a la imagen de Aquel que o creó”. Ahora, en esto se encuentra a menudo en nosotros aquello que tiene sabor no a la santa sabiduría y  gracia de los caminos de Dios; allí debe haber sufrimiento; este debe ser forjado en la comprensión de Sus pensamientos. A menudo hemos aprendido esto así. Por lo demás, los sufrimientos son la oportunidad para el perfecto despliegue de esta gracia en un espíritu y carácter completamente más allá de la sabiduría del hombre. Aquel que a través de la muerte destruyó al que tenía el poder de la muerte, es el modelo de la sabiduría a la cual la Iglesia es guiada. De este modo encontramos en el Salmo 139, que la sabiduría y el conocimiento de Dios,  es mostrado en el poder manifestado en la debilidad, e ilustrado en la forma de los miembros  de Cristo que es sacada  de las partes más bajas de la tierra[1], y en “despertar para estar contigo”. Los malos después han de perecer. Entonces,  guiando al pueblo que El ha redimido, los guía no en el triunfo de poder, completamente sobre las circunstancias a través de las cuales ellos han pasado, como fue el caso en la libertad de Egipto (cuando la presente destrucción de sus enemigos por poder fue efectuada); sino “Cuando Él ha puesto delante sus ovejas, él va delante y ellas lo siguen”. “Porque convenía a Aquel para quien y por quien son todas las cosas, y llevar muchos hijos a la gloria, hacer al capitán de su salvación perfecto a través de sufrimientos; porque el que santifica y los santificados son todos de uno; por esta causa Él no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo, declararé tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré”. Pienso por esto en nuestra comunión con el Padre y con Su Hijo Jesucristo, teniendo ahora la vida eterna que estuvo con el Padre; un lugar, no solamente de efectos en libertad, sino de comunión con Aquel que liberta. Entonces, digo, Jesús habiendo abierto el camino en gracia, y la gracia siendo de este modo plenamente manifestada, no nos permite eludir los sufrimientos por medio de los cuales somos formados interiormente; porque esta es comunión con, y ser conformados a, la imagen del Hijo.
Pero mirando a la introducción de la Iglesia en el conocimiento de esta imagen, y la comunión con esto,  quizás me he alejado demasiado de la simple cuestión de los pactos. Ahora, digo, que esta comunión con el Cabeza triunfante no formó parte de la revelación de los pactos,  aunque claramente  ha sido la intención y propósito establecido antes de la fundación del mundo, antes de las edades o dispensaciones que vinieron entre tanto, sino que esto estaba reservado para la revelación del Espíritu Santo, enviado aquí abajo a causa de la exaltación del  Cabeza dentro del lugar santísimo,  conforme al carácter y gloria de lo que la misma comunión debía ser. Y esto fue claramente necesario; porque hasta la glorificación del Hombre sufriente, no existía aquello de lo cual el Espíritu debía testificar como estando en existencia; tampoco había sido realizada esa obra por medio de la cual el pecador pudiese justamente comprender la comunión con la gloria en el lugar santísimo. Realmente esta gloria era el resultado de la paga del pecado, y fue adquirida por la excedente  excelencia de aquello por lo cual el pecado era puesto a un lado.  Esto no era el perfeccionamiento de la criatura, sino el cambio de esta dentro de aquello que él por naturaleza no podía heredar, porque carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios. Esta no era la forma de la gloria de la criatura,  sino la comunión de la criatura con el Creador, una  nueva, clara, e indefinida verdad, no casual, tampoco, a medias, sino indefinida y suprema; el conocimiento de aquello que es la actual porción de la Iglesia por medio del Espíritu Santo;  conocido en Jesús, y en comunión con Él; el más alto vinculo de la gloria suprema; Una nueva y muy gloriosa verdad, en la cual Dios es revelado (como no puede serlo de otra manera), manifestado en carne, revelado personalmente.
Ahora veremos en qué medida los pactos despliegan estas cosas. Los pactos abrahamicos (aunque más amplios en alcance y testimonio, como hemos visto, m que las bendiciones locales  y promesas a Israel, como lo muestra plenamente el apóstol) no contenía ninguna de estas cosas. Ellos declaraban a la persona del Redentor, la Simiente prometida, y  proponían la bendición a todas las naciones, pero estos no iban más allá de que Abraham fuese el heredero del mundo. Ahora  que el velo está roto, podían manifestar cosas más brillantes; Pero en las promesas y pactos dados a Abraham, no se iba más allá de los límites  de lo que pertenecía al primer Adán, porque el segundo Adán (quien es también el Señor del cielo) no había sido aun revelado, y se dio de Él simplemente testimonio como siendo la simiente de Abraham en quien vendría la bendición, cualquiera que esta fuese.
Estas promesas y pactos están en Gén. 12 y 15, y son confirmados en los Cáp. 17, y 22. La primera  promesa es: “Haré de ti una gran nación, y te bendeciré, y haré grande tu nombre; y serás bendición, y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra”: aquí  no tenemos nada más allá de  la tierra  y de las familias en las cuales los hombres habían sido repartidos.
En el Cáp. 15 tenemos la promesa de una simiente numerosa como las estrellas del cielo, y (después de declarar las circunstancias  en las cuales  ellos serían puestos inmediatamente) la concesión de la tierra desde el río de Egipto hasta el gran río Eufrates, todo esto es confirmado por el pacto del Señor en el cual El pasaba  por en medio de las victimas divididas.
En el Cáp. 17 Este es establecido como un pacto eterno con Abraham (el nombre de éste es cambiado de Abram a Abraham), y con su simiente después de él, por generaciones_ que Dios  sería Dios para él, y para su simiente después de él, y que Él le daría a él y su simiente después de él, toda la tierra en la cual él era un extranjero, como una eterna posesión, y que sería su Dios. La circuncisión fue entonces dada a Abraham  como siendo un sello.
En el Cáp. 22 tenemos la confirmación de la promesa a la simiente. “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra,”  En la última parte de esta promesa tenemos la confirmación de la bendición de las familias de la tierra a la simiente, es decir, a Cristo; promesa que fue dada originalmente en el Cáp.12 a Abraham. Aun así (cual sea la forma de su cumplimiento), esta  no va más allá  de la promesa original a las  familias de la tierra; tampoco es Él, en quien esto debía cumplirse, revelado en otra manera  que como la Simiente de Abraham. Las otras promesas, y el pacto formal, son acerca de la tierra, y de una simiente numerosa y prospera, que la heredaría, y que sería una bendición.  En todo esto (aunque  incondicionalmente esto establece eso) no tenemos nada más allá  de lo que es terrenal.  Las promesas y pactos en Abraham son establecidos sobre fundamentos que no pueden ser conmovidos_ no sobre la  estabilidad de una profesada obediencia, sino sobre la estabilidad de la declarada promesa de Dios_ dos cosas inmutables  en las cuales es imposible  que Dios mienta, Su promesa, y Su juramento. Cuales sean las  indicaciones de las circunstancias de la esperanza  que pueda haber, los mismos pactos en sí mismos no expresan más.  Estas cosas fueron confirmadas a  Isaac, (Cáp.26,)  y a Jacob  (Cáp.28); Pero ningún detalle particular es  agregado en cuanto a los términos en ellos.
Cuando llegamos al monte Sinaí_ el primer pacto hecho con Israel como nación. Y aquí, como el pacto fue, por supuesto, limitado a la nación o a la simiente literal recientemente libertada, del mismo modo  el sujeto de las promesas fue honor y bendición ante ese Dios  de quien era la tierra. Este es el antiguo pacto, ya que después y más adelante leemos de un nuevo pacto, lo que implica (como se implica en sus términos) que este pacto fue o será hecho (o confirmado) con el mismo pueblo: ambos (cual sea su carácter) tratan con ellos como pueblo_ y tienen referencia con la tierra, aunque  los pone  sobre la tierra en relaciones con Dios.  El nuevo pacto (aunque  sus términos pueden introducir nuevos principios  aplicables a los extranjeros) no puede decirse que  es “como el pacto que hice  con vuestros padres, el día cuando los saqué de la mano para guiarlos fuera de la tierra de Egipto,”, si no fuese este un pacto hecho con Israel_ el mismo  pueblo con quien el pacto anterior fue hecho en el monte Sinaí. Quienquiera que examine Jer.31, del cual este muy importante testimonio es  citado,  verá enseguida que el nuevo pacto es  para y con Israel, y además esto no es citado por el apóstol en ninguna epístola excepto en aquella a los Hebreos.

El primer pacto, entonces,  fue un pacto hecho con Israel; el segundo pacto es un pacto también hecho con Israel, pero no todavía cumplido en sus efectos. El uso que los apóstoles  hacen de este muestra que el antiguo pacto fue defectuoso, y ellos no podían encontrar reposo en este_ y que estaba a punto de desaparecer, lo que los guiaba de esta forma  al Mediador de un nuevo pacto, en la forma que ahora intentaré mostrar;  Pero en ninguna manera  hablando del pacto, como hecho con la nación, siendo introducido en cuanto al efecto allí descrito, o  de aquello bajo lo cual ellos han venido, aunque la parte de Dios ha sido sellada.
Tenemos, entonces, (pasando por alto, por ahora, los más amplios pactos abrahamicos) dos pactos  con la casa de Israel sobre distintos  y diferentes términos; el primero,  en el monte Sinaí; el segundo, con Cristo como su mediador y sello.

Ahora,  en cuanto al pacto hecho con Israel en el monte Sinaí, sus términos son estos: el pueblo  se comprometió a obedecer todo lo que Dios les mandara. “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.  Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos.” Nada  podría ser más claro que fue esta condición, “si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis”, etc. y el pueblo comprendió los términos claramente. Ahora, es importante notar que la condición anterior del pueblo ha sido desplegada como descansando plenamente en la gracia. Como tal esto fue manifestado en su libertad  del poder y príncipe de este mundo, en la sanidad del agua que debieron beber; en el dar del sábado en el cual el maná sería una porción permanente_ pan dado diariamente, la necesaria  y segura  provisión de gracia; en las aguas  dadas en el tiempo de su necesidad, aunque ellos murmuraron y tentaron al Señor, aun así  les fue dada libremente de la roca; en el poder  de la mediación e intercesión contra sus enemigos y en la derrota de estos, y con Dios siendo su bandera, y Josué su líder; en  el ordenamiento del gobierno necesario en la casa de Dios.

Pero aunque el verdadero fundamento sobre el cual ellos eran el pueblo de Dios, y eran conocidos y mostrados como tales, fue la gracia  antes de que los términos en el monte Sinaí y sus pactos fuesen introducidos, aun  así,  para los sabios y seguros propósitos de Dios, y la segura (no digo toda)  sabiduría que podemos ver en la exhibición del fracaso del hombre y el progresivo despliegue de la dispensación_ en esta  sabiduría la obediencia condicional fue propuesta a Israel; y en esa estipulación ellos tomaron las promesas. La duración de esto es expresada por el ruido de aquellos que cantaban. El primer principio y fundamento de todo el sistema  fue  roto y quebrantado antes  de que el mismo mediador retornase con el orden, carácter o medida, de esa obediencia  que  se había prometido. El pacto se perdió. Esto en lo que se refiere al pacto de obras  que  la obediencia del hombre emprendió. “Estos son tus dioses, OH Israel, que te sacaron de la tierra de Egipto.” Pero Dios estaba no solo mostrando el fracaso del hombre en obediencia, y las características de la perfección demandada por la ley, sino que estaba  también allí, aunque estrecha la escena en que ellos eran desplegados,  el progreso del despliegue de las  dispensaciones. El primer pacto tenía ordenanzas acerca del servicio divino, un santo orden.  Es importante notar aquí que,  coincidente con el fracaso del hombre bajo principios naturales, se levantó el testimonio de otro fundamento, y de otras ordenanzas en gracia de la vida divina.  Cuando digo coincidente con el fracaso, pienso mas bien en la exhibición y evidencia del fracaso, y entonces se ve la evidencia  del esquema de la gracia.  Progresivamente el carácter de la conexión  entre Dios y el hombre se ha rebajado, y progresivamente el hombre se ha sumergido en un estado de desesperanza por haber roto la ley, un rechazado Dios de gloria, cuya mano se ha visto y mostrado en su favor  como un pacto de Dios. Pero como la porción natural del hombre de este modo fue evidenciado como siendo sin esperanza, se levantó inmediatamente coincidentemente y respondiendo claramente a esa obra y orden de gracia sobre la cual el  propósito y misericordia divina podían levantarse.

El pacto de Israel en el monte Sinaí contenía la prueba  que la obediencia del hombre era un fundamento sin ninguna esperanza, bajo cualquiera circunstancia, sobre la cual pudiesen descansar las relaciones  con Dios; también contenía el completo desarrollo típico de aquello sobre lo que ciertamente aquellas relaciones podían descansar_ sobre lo que el confort, la paz, y la  bendición divina podían refrescar el corazón del hombre, cansado de su propio camino, y este es el uso que hace el apóstol de esto.  No es, he aquí, estos son los efectos  del nuevo pacto sobre la tierra; sino que el antiguo pacto era defectuoso. Pero el fundamento del nuevo pacto ha sido puesto en la sangre del Mediador. No es para nosotros que los términos del pacto, citado de Jeremías por el apóstol, han sido cumplidos, o que nosotros somos  Israel y Judá; sino que mientras  el pacto está fundamentado, no sobre la obediencia de un pueblo vivo (al cual la bendición debe  venir, y la sangre derramada de una victima por un mediador vivo) sino sobre la obediencia hasta la muerte del mismo Mediador, sobre la cual (como su seguro e inalterable fundamento de gracia) está fundamentado el pacto.

Pero, como hemos visto, en el mismo acto de formar el pacto,  y teniendo la obediencia del hombre pecador   como su fundamento fue evidenciado como  viniendo todo al fracaso, y que por tanto este mismo pacto llevaba consigo, por la buena y rica misericordia de Dios, el testimonio de otro fundamento distinto y más estable; como también del lugar en el cual hemos sido introducidos. El santo orden que acompañaba el pacto(o que el pacto tenía) era el tipo de las cosas celestiales. No se trata ahora de  ”vienen días  en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y Judá”; sino de una esperanza que entra detrás del velo; Y  a esto, repito,  se vuelve inmediatamente el apóstol. No estoy, por supuesto, negando la justicia práctica que  acompañará esto a través del amor de esto en los corazones: ciertamente será así; sino de la manera en la cual estamos asociados con la introducción del nuevo pacto  y de la revelación de aquello que aquel santo orden y modelo fue un tipo. Es justo esto_  hemos visto el pacto sellado con la muerte del Mediador, y por tanto  el fin para nosotros ahora de toda esperanza  de  tener alguna  asociación terrenal con Él, o alguna bendición sobre la tierra; la propia muerte del Mediador para este mundo es el fundamento de  nuestra entrada, o porción en, el lugar que  tenemos con Dios.  Sobre esto,  en Heb.9, el apóstol trabaja e insiste  arduamente, y esta es realmente una característica distintiva de la dispensación. Entonces, si nos volvemos al Mediador, como siendo el fundamento en dar o sello del pacto para nosotros, y de considerarlo a Él como manteniéndolo para nosotros hacia Dios, nuevamente encontraremos el modelo de las cosas celestiales  (introducidas en conexión  con el antiguo pacto) ese lugar nos pertenece en virtud de nuestra  conexión con el Mediador. El sumo sacerdote entra, en virtud de la sangre de la víctima mediadora (que en cumplimiento sabemos fue Él mismo) en el lugar santísimo; entonces,  en el anti-tipo, necesariamente en resurrección y ascensión. Es en Su  lugar especial de Sumo Sacerdote, en que Él lo ejerció claramente, donde Cristo ha entrado ahora por nosotros, en el cielo mismo.

Esta, entonces, es nuestra porción en el nuevo pacto, en la medida que tenemos algún interés en el hecho que este haya sido sellado en la sangre del Mediador. Ese Mediador, habiendo entrado en los cielos, en el lugar santísimo, no ha cumplido actualmente, o no ha puesto en ejecución, el nuevo pacto con Israel y Judá, pero ciertamente este será cumplido plena y claramente. Pero en cuanto al modelo de las cosas en los cielos, este fue dado cuando el antiguo pacto,  que dependía de su propia obediencia, fue dado en el monte Sinaí; del mismo modo ahora, cuando el nuevo pacto ha sido fundamentado en la sangre del Mediador (no todavía  aceptado o reconocido en gracia por esa nación), las mismas cosas celestiales  son manifestadas  a la fe por la introducción del mediador en el lugar santísimo en  resurrección. El velo de Su carne estando roto, y el mismo mediador habiendo muerto (el ejercicio del sacerdocio, y la ofrenda  de Su propia sangre en el lugar santísimo, por medio de la cual tenemos acceso hasta allí, es necesariamente una obra  de resurrección y ascensión), tenemos ahora libertad para entrar en el lugar santísimo por medio de la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo a través del velo (es decir, de Su carne.) Durante el primero,  este camino no fue manifestado, tampoco, además,  fue la conciencia purificada de una vez y para siempre en vista a tener una porción allí.  Ambas bendiciones son ahora la porción  de los hijos de Dios, y toda nuestra porción ahora  no está en un formal cumplimiento del nuevo pacto con Israel y Judá, sino completamente en los lugares celestiales con Cristo, conforme al modelo del tabernáculo, solo con esto añadido_ que el velo ha sido roto de arriba abajo.

Entonces es con  las circunstancias anexadas  del pacto con las cuales nosotros tenemos que ver, no con las bendiciones formales en que los términos han tenido lugar bajo las condiciones del antiguo pacto, aunque algunas de ellas pueden, en un sentido,  ser cumplidas en nosotros. De este modo el carácter distinto y celestial de la dispensación es muy claramente mostrado, y encontramos que nuestro lugar es estar identificados con el Mediador, como habiendo entrado detrás del velo, no en las bendiciones que resultan para Israel en consecuencia  de Su derecho y poder  para bendecir en gracia. Se declara generalmente que el sumo sacerdote salía y bendecía al pueblo en el día de expiación, cuando salía del lugar santísimo, pero no hay nada de esto en el  relato de esto en las Escrituras, y para mí esto mas bien envuelve un error, porque su lugar en ese día no formaba parte de su oficio  real, ya que en ese día de trataba mas bien de  Su humillación o ascensión a la gloria, o de los oficios puramente sacerdotales_ muerte, confesión, intercesión y semejantes.

Hay un pasaje en Lv.9, que (siendo de un carácter más comprensivo)  parece abarcar esta  parte del tema  más claramente.  Este capítulo abarca las ofrendas del sumo sacerdote al entrar en su oficio. Después Aarón ofrece  sus ofrendas y habiendo presentado cada una de ellas, él bendice, y después desciende. Esta fue una bendición sacerdotal después de la ofrenda, pero antes de descender de allí, y entonces Moisés y Aarón (quienes muestran la unión de los oficios  real y sacerdotal) salen del tabernáculo de la congregación (no necesariamente implicando el lugar santísimo,  sino la casa, incluyendo el lugar santo y el santísimo),  y bendicen al pueblo; y entonces la gloria de Dios aparece a todo el pueblo; y así se completa el testimonio público acerca de la completa aceptación del holocausto por parte de Dios.  Esta,  es una declaración  más general de todo lo conectado con la institución del sacerdocio, parece más claramente poner ante nosotros las bendiciones sacerdotales del sacrificio ofrecido, y después (después del retorno de eso) la bendición  real y sacerdotal para el pueblo; sobre lo cual la plena  gloria  viene  como un testimonio público. Esto,  sin embargo,  lo destaco, aunque para mi este es un interesante tipo del orden de estas cosas, sobre las cuales ahora deseo detenerme, y presentar sus principales secciones para la consideración de otros, este es el lugar en el cual  el  fundamento del nuevo pacto en la sangre de Cristo nos ha introducido, no en aquel de los términos del pacto hecho con Israel y Judá, ni tampoco del pacto de Dios con Abraham, Isaac, y Jacob, porque la esfera de la ministración de ellos fue la tierra; sino que es  dentro de la revelación posterior  a la muerte del Mediador, y de Su entrar en el sumo sacerdocio en resurrección, ascensión y gloria._ un estado de cosas celestial, un lugar  en lugares celestiales, en el cual tenemos comunión con Aquel que ha ido detrás del velo, algo previamente no revelado, aunque fundamentado en la muerte de Aquel que fue prometido y tipificado por las ordenanzas dadas con el antiguo pacto en cuanto a la constitución del tabernáculo de la congregación_ el velo entonces  no estaba roto, y el camino al lugar santísimo no había sido aun manifestado, ni la comunión de una conciencia purificada  establecida (la identidad del cuerpo de Cristo con Su Cabeza, y su privilegio, sentarse allí, como ahora representado por Él, todavía era algo desconocido); Confirmando de este modo en la forma más clara, en el ordenamiento de las dispensaciones, muchos principios a menudo aludidos en artículos anteriores. Hay muchos sujetos y principios de la más profunda importancia  conectados con los pactos, que son aquí apenas aludidos (tal como la  diferencia de la misma naturaleza  y términos de ambos, cual pueda ser su aplicación, sobre el cual de hecho descansa prácticamente toda nuestra paz; el carácter incondicional de  los pactos hechos con Abraham, como el fundamento de la infalible autorización para las esperanzas Judías, que no dependen de aquello que para su actual  aflicción y la instrucción de la humanidad, ellos han fallado completamente) Todo esto, aunque no paso sin hacer alusión a ello, no me extiendo en este artículo, habiendo muy brevemente, y temo también, superficialmente, tratado de tocar estas secciones y características que muestran los pactos en su  propio lugar, y que manifiestan a la vez nuestra posición  conectada con ellos.

Hay un pasaje conectado con este sujeto que he omitido, al cual ahora aludo. En la declaración  de las restauradas bendiciones a Israel, en Ezeq. 36 el detalle de las cosas terrenales es muy claro; todo es restaurado en  bendiciones israelitas. Entre ellas, sin embargo, encontramos  una obra que debe hacerse entre ellos para calificarlos para coger y gozar estas bendiciones ante Dios. “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 28 Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios” (vv.25-28)

Este no es expresamente el nuevo pacto, sino que es de hecho una más  explícita  declaración de la forma  de las bendiciones que este contiene, y con las cuales está conectado. De allí el reproche a Nicodemo por parte del Señor, cuando (declarando en términos equivalentes  a estos, lo que era necesario para que el hombre pudiese ver, y entrar en el reino de Dios) Nicodemo respondió “¿Cómo pueden ser estas cosas?” El Señor realmente muestra el carácter universal de la operación: “así es todo aquel que es nacido del Espíritu” Pero la aplicación en la conversación es Judía;  eso era necesario para el goce de  las cosas terrenales  del reino de Dios, del cual las promesas y los pactos con Israel y  sus padres eran la garantía y seguridad de parte de Dios.  Entonces  nuestro Señor añade la observación “si te he hablado de las cosas  terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?”_  Aun de estas otras  y de más altas cosas, que pertenecen al reino en el cual se entra  por el camino nuevo y vivo; entonces nuestro Señor, aunque no entonces revelando estas cosas enseguida, introduce Su muerte_ la muerte del Mediador, el Hijo del hombre, en quien se esperaban las cosas terrenales, que era también la puerta que abría el camino para las cosas celestiales (todavía no manifestadas), y ordenadas  a causa del rechazo del Hijo del hombre por aquellos a quienes vino con bendiciones terrenales, “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así el Hijo del hombre debe ser levantado”; pero fundamentando cada esperanza  de vida eterna  entonces en este levantamiento, y abriendo esta al mundo.  Porque como Enviado de la misericordia Él vino; y de este modo fue hecha la distinción  entre lo terrenal y celestial.

Difícilmente siento necesario añadir que tomo todo Heb.9 como  teniendo un mismo sujeto, el pacto;  y que el término testamento y testador son solo acomodaciones  para el lector inglés que oscurecen o destruyen el sentido.

J. N. DARBY


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